viernes, 21 de febrero de 2014

Desayuno y abstinencia.


Hoy he dado el día libre al pinche y al mozo de comedor y me he preparado la cena yo solito: acelgas porque es viernes. 
Media cebollita bien picada en la Thermomix. Ya está. 
Un poco de mantequilla de Soria y un par de minutillos para que se dore la cebolla. Ya está. 
Con la Thermomix en velocidad cuchara -creo que se dice así- se le echa al sofrito una cucharada de harina de otro costal, pimienta blanca y molida y sal y leches y se deja que se cueza un buen rato. Ya está, ya empieza a oler bien. 
Toca echarle las acelgas. Pues se le echan. Como ya están cocidas porque son de bote y pone "acelgas cocidas" uno deja que se cuezan un poco más con la esencia de cebolla y leches. Ya está.
Ahora hay que ponerlo en un plato porque comérselo en la Thermomix no mola. Ya está en el plato.
¿Qué más? ¡Ah, sí! ¡Los piñones!
Y la bendición de los alimentos, claro. 
***
Alguna vez me han preguntado que si no es horrible comer uno solo. A mí, cuando me hacen preguntas de esas, nunca se me ocurre nada. No sé, me quedo como atascado. Pero luego, cuando estoy solo, se me ocurren muchas respuestas aunque ya no haya nadie a quien responder. Hoy, cocinando las acelgas y oyendo las noticias de Ucrania y de Venezuela, pensaba yo que ponerse a lloriquear las propias soledades es una majadería. Y me he alegrado de haberles dado el día libre al mozo de comedor y al pinche, y de estar solo en casa con los coros celestiales en la presencia de Aquel que goza al ver cómo pasamos de nuestra soledad a las acelgas.

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