martes, 25 de septiembre de 2012

Sardinas de San Miguel.

Plato típico y fácil para cenar en la octava de San Miguel.
Hay que sacar dos tomates enteros y pelados de una lata donde ponga "tomates enteros y pelados". Luego se ponen en una sartén con aceite, sal y azúcar y, mientras se sofríen a fuego lento, uno puede rezar vísperas si hay otro que los vaya removiendo.
Cuando la cosa está prácticamente sofrita se le echan seis champiñones enteros de esos que suelen venir en las latas donde pone "champiñones enteros". Si en ese preciso instante comprueba usted que se ha equivocado y que ha comprado una lata de piñones, no se preocupe. Los piñones también valen, pero hay que echar más de seis y asegurarse de que no van con cáscaras. Hay que echar, por lo menos, doce. 
Muy bien. Ahora se sacan dos sardinas en aceite de una lata de esas en las que suelen venir tres sardinas en aceite. Se tira a la basura la que sobra -o se le da al gato- y se desmenuzan las otras dos desmenuzándolas bien en un plato hondo con un tenedor que posea la virtud desmenuzadora. (No valen los tenedores que yo compré en un chino porque se doblan los tenedores y no se desmenuzan las sardinas).
Sobre las desmenuzadas sardinas se vierte el contenido de la sartén -sea cual fuere el contenido- dejando que el aceitillo entomatado, salado y azucarado revierta sobre el mejunje y redunde en favor de él, y se mezcla todo muy bien.
Luego -si estamos en la octava de San Miguel- se puede sustituir la fórmula habitual de bendición de los alimentos por la más breve: San Miguel, ruega por nosotros. Y luego uno se lo zampa y da gracias a Dios por los alimentos con la fórmula acostumbrada. ¿Ven qué fácil?

ACTUALIZACIÓN: Hoy, a la hora de la cena, en la nevera solamente había tomate. El rostro se me ha iluminado al recordar que ayer tiré una sardina a la basura. La he recuperado. No mostraba signos de putrefacción, ni nada y mi olfato ha diagnosticado que era comestible. En la octava de San Miguel san Rafael hace maravillas con los peces. He puesto el tomate en la sartén -como de costumbre- y he rezado las vísperas mientras se sofreía. Luego he ido a buscar la sardina para mezclarla con el sofrito y no la he hallado.
Yo: ¿Dónde diablos he puesto la sardina?
San Miguel: Haz memoria.
Yo: La saqué del cubo de la basura, la olí, juzgué que era comestible...
San Miguel: ¿Y?
Yo: ¿Me la zampé allí mismo?
San Miguel: Sip.
Yo: ¿Sin bendecir los alimentos?
San Miguel: Sin bendecirlos.
Yo: ¡Qué despiste!
San Miguel: No te escudes en eso del despiste. Veo que, con los años, te estás haciendo glotón.
Yo: Tienes razón. Y ¿qué hago ahora?
San Miguel: Yo que tú retiraría el sofrito del fuego, lo mezclaría con la mayonesa que tienes en la nevera y me lo zamparía.
Yo: ¡Qué buena idea! ¡Gracias San Miguel!
San Miguel: Pero, antes de comérmelo bendeciría los alimentos.
Yo: ¡Gracias, san Miguel, qué buena idea!

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